Y mientras tanto…
habitar todas nuestras versiones.
El bolero suena muy despacio de fondo, la vela consume su propia cera en silencio y la casa entera parece contener la respiración.
Y un día, sin aviso, algo se quiebra por dentro. Esa chispa que antes encendía el pecho
comienza a titilar como un faro intermitente en medio de la niebla, invitándonos a ver, aunque cueste, que algo está cambiando.
La forma de trabajar ya no se siente propia; la identidad profesional que nos acompañó
durante tanto tiempo empieza a quedarnos incómoda. Y entonces surge un deseovnuevo, una inquietud latente, una pregunta que todavía no tenemos ni idea cómo responder.
Todo se siente confuso. Nos atraviesa una mezcla de incertidumbre, tristeza y curiosidad. Nos empeñamos en encontrar certezas, pero en realidad lo que nos pide la situación es comprender que no solo estamos cambiando lo que hacemos, sino transformando la idea misma de quiénes somos. Y la duda es parte de ese proceso.
Y en ese momento, parece que debemos matar nuestra versión anterior. Pero ¿por qué
habríamos de despedirnos por completo de quienes fuimos si, precisamente, esas versiones nos trajeron hasta este exacto lugar?
Quizá las etapas pasadas no tengan que desaparecer para que nazca algo nuevo. La profesional que fuimos. La mujer que aprendió. La que se equivocó. La que eligió con certezas que hoy ya no son. La que experimentó. Todas ellas guardan intacta nuestra historia. Ninguna es mejor que otra; todas forman parte de lo mismo: nuestro universo interno.
Cambiar no siempre significa empezar de cero; a veces se trata de integrar. Tomar lo vivido, lo aprendido, lo que alguna vez nos apasionó y también aquello que ya no queremos repetir, para permitir que todo eso construya algo diferente.
Creo que el mayor desafío es entender que no existe una versión final, acabada o perfecta a la que debamos llegar. Tal vez la vida se trate tan solo de darnos el permiso de habitar cada capa que va apareciendo. De animarnos a crear algo propio mientras todavía seguimos descubriendo quiénes queremos ser.
Es que, tal vez vivir es eso, explorar nuestra compleja, desafiante y hermosa existencia. Con miles de dudas y una única certeza: todo cambia, menos el hecho de que cambiar es profundamente humano.

Adéntrica.
